
Además de fomentar su autonomía y la cohesión del grupo, la salida les ofreció la oportunidad de realizar numerosas actividades. Entre otras cosas, hicieron pan ellos mismos, probaron la escalada, etc. A través de talleres y juegos, aprendieron disfrutando y reforzaron los lazos con sus compañeros y compañeras.
Los niños y niñas estaban contentos y orgullosas de haber pasado su primera noche en un albergue. Esta experiencia, además, ha creado un ambiente especial para el final de curso, y estamos seguros de que seguirán contando durante mucho tiempo los momentos vividos
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